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La revolución de Google

Google es el principal y más popular buscador en Internet. En su base da datos se depositan unos ocho mil millones de páginas web y sus usuarios globales alcanzan decenas de millones de usuarios cada día. Los dos fundadores, Sergey Brin y Larry Page, se han propuesto recoger toda la información que circula por el mundo y ponerla al alcance de cualquier ciudadano de la tierra que disponga de un ordenador y conexión a la red.

Se acaba de anunciar en Nueva York que Google ha llegado a un acuerdo con las principales universidades norteamericanas y la Universidad de Oxford para digitalizar todos sus fondos editoriales y ponerlos en la red de forma gratuita. El buscador Google es ya una revolución en la historia de la información y del conocimiento.

La digitalización de millones de páginas de libros cuyos derechos de autor han caducado se va a ejecutar a un ritmo muy acelerado. En la Universidad de Stanford, por ejemplo, se van a digitalizar unas cincuenta mil páginas diarias. Cada institución recibirá una copia de la digitalización que circulará libremente en la red global.

La Librería del Congreso de Washington y otro grupo de librerías de Estados unidos, Canadá, Egipto, China y Holanda han acordado crear un archivo digital de millones de libros que estarían en Internet en pocos años. Este grupo ha anunciado que tendrá digitalizados setenta mil volúmenes de libros que serán volcados en la red.

Los acuerdos de Google con cada una de las librerías es distinto. La Universidad de Harvard volcará inicialmente sólo cuarenta mil volúmenes mientras que Oxford sólo digitalizará los libros publicados antes de 1900.

La tecnología va por delante de las estrategias de los editores y de las instituciones con fabulosos fondos editoriales. La socialización de la información está dando pasos de gigante. Lo que hasta hace muy poco era privilegio de núcleos muy reducidos del saber está hoy al alcance de cualquiera. Pienso que la revolución de Internet es de una magnitud superior a la que supuso el invento de la imprenta por Gutenberg.

Esta revolución está teniendo imprevistas consecuencias en el ámbito del conocimiento universal, en la edición, en el periodismo, en la política, en las costumbres y en la economía. Las elecciones ya no se entienden sin un papel decisivo de Internet. La información ha dejado ya de ser el monopolio de unos cuantos para convertirse en un activo de cientos de millones de personas al margen de sus creencias, sus nacionalidades y sus patrimonios.

En la red, ya lo sabemos, circula mucha basura y muchas páginas que no han pasado por ningún filtro. Pero un soplo global de libertad está recorriendo todo el planeta de forma invisible y gratuita. Habrá que encontrar una regulación para todo este colosal movimiento de información. El marco jurídico da soporte a cualquier actividad humana. También habrá que encontrarlo en Internet aunque nadie sabe cómo se puede poner una cierta racionalidad jurídica a toda la masa crítica de información que circula por la red.

Los libros, los diarios y la letra impresa seguirán por mucho tiempo, por muchos siglos. Pero ¿qué sentido tiene adquirir una Enciclopedia Británica desde el momento en que está digitalizada y de libre acceso? Los editores tendrán que pensar en cómo hacer sobrevivir el papel pero también han de darse prisa en incorporarse urgentemente a la red.

[La Vanguardia Digital, 15/12/04]

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